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29 novembro 2010

las fiestas de Frida y Diego



"Cuando regresamos a casa Frida todavía tuvo tiempo de preparar la mesa y todo lo necesario para recibir a los amigos de don Diego. Como todos eran nacionalistas y patriotas de verdad, Frida le había pedido a Eulalia - la excelente cocinera - que preparara algunos de los platillos acostumbrados en ese mes. A ella le gustaban especialmente la sopa de pescado, el 'arroz tricolor' y los chiles en nogada, platillos que en su preparación y a la hora de ser llevados a la mesa reúnen los colores de la bandera nacional.
La historia de cómo se prepararon por primera vez los chiles en nogada, joya de la cocina poblana, es por demás curiosa: se cuenta que a principios del siglo pasado, ya consumada la Independencia, uno de los primeros presidentes de la República visitó la ciudad de Puebla. Las damas poblanas, deseosas de halagarlo, decidieron preparar un banquete con los patillos más reconocidos de la región y hacer además algo novedoso y especial; con tal motivo prepararon los famosos chiles en nogada, que son chiles rellenos de un picadillo de frutas de la temporada, cubiertos con salsa de nueces de Castilla frescas y molidas y adornados con granos de granada dulce. Así, en este delicioso platillo el verde de los chiles, el blanco de la nogada y el rojo de la granada forman la bandera nacional.
Frida se ocupó de poner la mesa con la mejor de sus vajillas, la poblana de color blanco con filo azul cobalto y el monograma con las iniciales F y D del mismo color. Puso vasos azules de vidrio soplado y varias jarras del mismo estilo con ricas aguas frescas de locores patrios: la verde de tuna. la blanca de horchata de arroz y la roja de flor de jamaica.
En septiembre los mercados se llenan de tunas verdes, blancas y rojas de las zonas semidesérticas del país, y se dice que las limas son más dulces y jugosas; por eso, Frida colocó, como centro de mesa, una jícara de Tehuantepec pintada con flores y puso en ella un bodegón 'al natural' formado con estas frutas, con banderitas mexicanas y dos o tres granadas abiertas en cuartos. Como por encanto, el centro de la mesa se convirtió 'en un cuadro de Frida'. A fin de cuentas, no se supo si lo que más interesó a los comensales fue la larga conversación política, en la que aformaron su credo revolucionario y su juicio sobre la crisis de la política mexicana, cmo la veía el pintor Rivera, o la excelente comida ofrecida por la pintora Kahlo."

In: MARÍN, Guadalupe Rivera, CORCUERA, Marie-Pierre Colle. Las fiestas de Frida y Diego. Mexico: Grupo Editorial Patria. 2007. pág. 49

Um comentário:

a. disse...

"la novia que se espanta de ver la vida abierta".
lindo!